El fin de semana largo de Carnaval es, para muchos, sinónimo de fiesta y viaje. Pero para un viajero consciente, esta fecha puede representar algo mucho más profundo: el momento donde la herencia ancestral, la alegría colectiva y el respeto por la tierra se encuentran. Con este concepto, Betina González, quien conduce Boomerang Viajes en
El fin de semana largo de Carnaval es, para muchos, sinónimo de fiesta y viaje. Pero para un viajero consciente, esta fecha puede representar algo mucho más profundo: el momento donde la herencia ancestral, la alegría colectiva y el respeto por la tierra se encuentran.
Con este concepto, Betina González, quien conduce Boomerang Viajes en la Argentina, diseña un turismo solidario y comunitario con experiencias a lo largo y ancho del país. Para este Carnaval 2026, planeó itinerarios para buscar la esencia de la festividad en destinos que ponen en valor la cultura, la tradición y la naturaleza local.
Para el mundo occidental, el Carnaval es mucho más que una fiesta: es uno de los fenómenos culturales más fascinantes de nuestra historia. Su origen es el reflejo de un sincretismo profundo, ese punto de encuentro donde las tradiciones paganas y ancestrales se fundieron con el calendario cristiano. Marca el final de la previa de la Cuaresma y, a su vez, es un rito donde, por unos días, las jerarquías se diluyen y todos somos iguales bajo una máscara o papelitos de colores.

Jujuy: el desentierro y la cosmovisión
En Jujuy, la experiencia central es el desentierro del Diablo entre paisajes de colores. El carnaval en la Quebrada de Humahuaca es una celebración colectiva y participativa; una práctica de un pasado agrícola que resiste los embates de la modernidad y un momento de agradecimiento por la cosecha. Hoy se ha convertido en un dispositivo de expresión y contención social que preserva los lazos comunitarios. Además, existen celebraciones más íntimas que permiten combinar la energía de la Quebrada con el Turismo Rural Comunitario: alojarse con familias locales, aprender los secretos de la huerta, participar en talleres de artesanía o caminar senderos guiados por quienes habitan ese territorio hace generaciones. Es pasar del ritmo de la comparsa al encuentro íntimo con la cosmovisión andina.

Foto: Germán Pomar / Télam
Corrientes: plumas y esteros
Todos sabemos que Corrientes tiene payé (magia en guaraní), pero en Carnaval tiene, además, plumas y esteros. Considerada la Capital Nacional del Carnaval, sus desfiles en el Corsódromo Nolo Alías y en el Anfiteatro local son un espectáculo de diseño y pasión único en el país. Para vivir la experiencia completa, se puede combinar el brillo correntino con un viaje a la biodiversidad del Iberá. Después de la fiesta, es posible sumergirse en uno de los humedales más importantes del mundo. Es el contraste perfecto: la intensidad del carnaval seguida del avistaje de fauna y la paz absoluta de los esteros, siempre de la mano de guías locales que trabajan en la conservación de este refugio silvestre.
Entre Ríos: bienestar y tradición litoraleña
Termas y corsos se despliegan en suelo entrerriano, donde se celebran unos 25 carnavales a lo largo de la provincia, ofreciendo una versión de esta fiesta muy cercana a Buenos Aires. Es la oportunidad ideal para una escapada que combine cultura y brillo con bienestar. Además del carnaval, la provincia ofrece viñedos locales y aguas termales relajantes. Es una forma de apoyar a las economías regionales mientras se disfruta de un paisaje litoraleño auténtico.
















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